lunes, 26 de noviembre de 2007

Demasiado Corazón, por Joaquín Caparrós

Desde que el equipo hispalense entró en esta dinámica de derrotas debido a numerosas causas decidí no escribir nada más, solo lo justo, del fallecimiento de Antonio Puerta. Soy de los que piensan que hay que dejar esta desgracia a un lado y seguir mirando al frente porque la vida sigue. Por eso solamente he publicado la despedida que Pep Martí le hizo al mítico jugador. No he querido publicar ninguna más, ni si quiera la que saldrá mañana de Enzo Maresca, un gran amigo suyo, en la Revista Champions.

Pero hoy quiero hacer una excepción, ya que desde que ocurrió esta desgracia siempre he estado esperando las palabras del técnico que le hizo debutar. Joaquín Caparrós no pudo hablar en su día delante de los medios, es normal, el utrerano estaba roto de dolor. Pero sin embargo, el ex técnico sevillista si tuvo fuerzas para escribir una carta, publicada en El Mundo, dirigida a ese joven que como él dice contaba los chistes como nadie.



DEMASIADO CORAZÓN

Una bestia negra y ciega se ha llevado a Antonio. A él le partió el corazón y a mí me ha partido el alma. A esa bestia negra y ciega que nos ha dejado llorando a todos le quiero decir entre lágrimas muchas cosas. Le quiero decir que, una vez más, se ha equivocado, y que lo ha hecho de forma gravísima. Y golpeo mi cabeza contra la pared por la irreversible injusticia que ha cometido.Le quiero decir que se ha llevado a un chico lleno de vida, a una persona valiosísima y a un deportista de enorme estatura.


Le quiero decir a esta bestia negra y ciega que si quería hacer daño lo ha conseguido. Su tajo ha sido de dimensiones gigantescas porque ni ella misma sabe a la cantidad de gente que ha dejado herida.


Se ha llevado a Antonio y con él se marcha una de las sonrisas más sinceras de Sevilla, de Andalucía y de España. No había otro como él en el vestuario del equipo. Si necesitábamos ánimo, Antonio se sacaba un chiste de la manga. Si alguno de nosotros parecía venirse abajo, ahí llegaba él y nos soltaba una de las suyas. No había otro igual y el hueco que deja es irreparable.

Le digo a esa bestia negra y ciega que nuestra venganza será terrible porque a ese hijo de Antonio que está a punto de nacer le vamos a contar tantas cosas bonitas de su padre que parecerá que sigue vivo en cada rincón de Sevilla, de Andalucía y de España.


Y no podrá con todos. Hoy me siento el hombre más triste del mundo. Yo le di la luz en el primer equipo y con su marcha me he quedado totalmente a oscuras. No habrá un día de mi vida en que no mire al cielo para saludarle.


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